Individuos resistentes de encina… ¿todos?

Muchos son los trabajos, los artículos científicos y las discusiones iniciadas alrededor de la búsqueda de individuos resistentes de encina ante el ataque de los agentes de la podredumbre radical . Las ventajas de encontrar éstos ejemplares parecen claras como método de lucha frente a la dispersión de la enfermedad por los encinares españoles (otra cosa es si nos pusiéramos a hablar de sus inconvenientes, eso lo dejo para otra entrada del blog…). Parece claro que en muchas ocasiones se presentan dentro de los focos de decaimiento, pies que parecen no estar afectados, o que resisten cuando los de su entorno han sufrido una defoliación intensa o incluso la muerte súbita, aunque en otras muchas ocasiones, éstos pies acaban sucumbiendo, al año siguiente, a los dos años…

La resistencia, entendida en el ámbito de la patología vegetal más clásica, supone la “tolerancia” de la planta a la acción del patógeno, la defensa efectiva mediante diversos mecanismos de la planta ante la invasión de sus tejidos o la falta de reconocimiento entre el patógeno y el huésped (al que sería mejor llamar “hospedante”), de modo que no existe la interacción. Muchos especialistas en patología forestal consideran que no existe resistencia de la encina ante Phytophthora cinnamomi porque no se ha demostrado la existencia de alguna de las anteriores condiciones. Sin embargo, mi experiencia en el estudio de la interacción  me dice que la encina es capaz de poner en marcha diversos mecanismos de respuesta a la invasión del patógeno, y no solo eso, sino que el trabajo en diversas condiciones experimentales me ha demostrado que los plantones inoculados con el patógeno no siempre mueren, sobre todo cuando las condiciones de nutrición y riego son óptimas para el desarrollo de la planta.

Dehesaagosto
Miembros del Grupo ERSAF (UCO) evaluando un foco de seca en el andévalo occidental (TM Puebla de Guzman, Huelva)

 

Es muy difícil ponerle “nombre y apellidos” a cada uno de los mecanismos que pueden dar lugar a resistencia en nuestro caso, entre otras cosas por el carácter anemófilo de la encina, y su elevada variabilidad genética y fenotípica, incluso a nivel de árboles situados en la misma población, que dificulta el desarrollo de trabajos moleculares con ésta especie. Esto, unido al escaso desarrollo de las bases de datos sobre el genoma, proteoma y metaboloma de la encina (no es una especie de alto valor productivo como el chopo o el eucalipto…) dificulta la puesta en marcha de programas de mejora vegetal, que por otra parte, no parecen adecuados a priori en especies forestales sometidas a una selvicultura extensiva, ya que reducen la variabilidad genotípica, ligada a la resiliencia.

Sin embargo no conozco impedimento para evaluar la “supervivencia” de los individuos adultos respecto al manejo de las explotaciones y las prácticas selvícolas y culturales llevadas a cabo. ¿A esto lo podríamos llamar resistencia? No sería acorde con la definición clásica de la patología vegetal, pero … estan vivos… Y ahora, si vamos un paso más allá, ¿Por qué una encina que parece resistente un año muere al siguiente? Podría ser que ninguna encina fuera resistente, o que todas sean resistentes si están sometidas a un manejo y tratamiento adecuado. ¿Qué encina es resistente? ¿Toda la que está sometida a buenas prácticas?…  Espero que éstos 3 años y algo que me quedan para realizar mi tesis doctoral me proporcionen algunas respuestas al respecto. Seguiremos informando.